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Carta al laicado

El enorme influjo de los textos conciliares (sobre todo Lumen Gentium y Apostolicam Actuositatem) y su desarrollo en la Iglesia postconciliar ha ayudado ciertamente en el despertar del mundo de los fieles lacios, a sentir que su vocación cristiana es fundamental para la construcción de la misma Iglesia y para sentirse a gusto “en casa”. La creación del Pontificio Consejo para los Laicos supuso, así, un gesto profético de Pablo VI. En el mundo de los jóvenes, pocos dudan hoy la fuerza que éstos han recibido a la hora de vivir su fe de parte de las Jornadas Mundiales de la Juventud. A la vez la afirmación de la auténtica dignidad de la mujer, que ha contado con la participación activa de la Iglesia, está enriqueciendo cada vez más a la comunidad cristiana y a la sociedad.

Junto a los movimientos y asociaciones laicales anteriores al Concilio Vaticano II (la Acción Católica y otros), está floreciendo una nueva generación de asociaciones de fieles, de movimientos y nuevas comunidades, que producen ya frutos abundantes de santidad y apostolado, y que dan nuevo impulso a la comunión y a la misión del pueblo cristiano. El compromiso de muchos cristianos laicos, además, en las más diversas obras de ayuda mutua, humana y social, demuestran la creatividad constructiva de la caridad, que se pone al servicio del bien común en las instituciones políticas, culturales y económicas.

Este rico mundo del laicado católico tiene su impulso, su dinámica y su vida. La Conferencia Episcopal Española, después de la estupenda experiencia del Congreso del Laicado Católico (noviembre de 2000), precedida del encuentro de los nuevos movimientos y comunidades con el Papa (Pentecostés de 1998), al que ha seguido un magnífico Congreso Internacional de la Acción Católica, quiere reunir en un Congreso toda esta riqueza asociativa de los fieles laicos y la belleza de la vida cristiana de cualquier cristiano laico que vive su fe en parroquias u otras comunidades y mostrar las posibilidades de renovación de nuestra Iglesia en una sociedad plural, en la que la presencia pública es cada vez más urgente. El Foro de Laicos ya ha mostrado en más de diez años de andadura cómo esto es posible.

El Congreso de Apostolado Seglar con el lema Testigos de la Esperanza llega en un momento crucial, en el que el continente europeo carece de una esperanza de vida verdadera, al alejarse de su entronque cultural que es el Evangelio y la herencia cristiana, ambiente en el que España está inmersa. El Papa, en dos documentos postsinodales memorables, Christifideles Laici y Ecclesia in Europa, nos recuerda la tarea a llevar a cabo con la gracia de Dios, pero no sin una presencia pública de los cristianos laicos en la sociedad actual.

El Congreso de Apostolado Seglar abordará la llamada a ser cristianos y las características que tienen los que en la Iglesia se llaman “christifideles laici” (ponencia del arzobispo de Pamplona y Tudela, don Fernando Sebastián); esa llamada es a la santidad, tema que abordará Dña. Cristina López Schlichting, ayudada por un equipo de ponencia; la llamada es a la misión, a predicar el Evangelio, a la presencia pública: esta vez será don Ignacio Sánchez Cámara, a quien también ayudará otro equipo.

Pero el Congreso quiere ser interactivo, porque los fieles laicos deben conocerse y amarse, apoyarse y organizarse cada vez mejor. Lo requiere la comunión eclesial y la necesidad de ofrecer un testimonio de unidad, pues lo que une a todos los movimientos y grupos es justamente la misión, aún en medio de las legítimas diferencias. Por ello las comunicaciones, los talleres y las experiencias son tan importantes como las ponencias, así como las celebraciones y la oración, un ingrediente que falta en otro tipo de Congresos, pero no en éste.

Braulio Rodríguez Plaza, Arzobispo de Valladolid y
presidente de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar


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